Etiquetas

martes, 13 de noviembre de 2012

TORMENTA BAJO LA VENTANA

TORMENTA BAJO LA VENTANA

Miré hacia el cielo y lo vi bastante nnublado pero no le di importancia.

-Parece que va a llover, ¿verdad?- dijo él.
-Puede ser pero no pasa nada, seguro que lloverá un poco y para la cena del Marc ya casi no quedará rastro- contesté yo muy convencida.
-Ya veremos...

Sobre las nueve de la noche yo y mi novio decidimos sacar a su perro a pasear ya que se le veía con muchas ganas de dirigirse a su inodoro al aire libre, entre árboles y algún que otro arbusto. Mientras hacía sus necesidades, nos dimos cuenta de que en el cielo, se dejaba ver una lluvia de relámpagos que, con destellos ramificados podías llegar a creer que te caían encima. Decidimos presionar al pequeño Iker y tiramos de él con fuerza para dirigirnos a casa y que no nos pillara el chaparrón que, efectivamente, se acercaba.

Al llegar, visionamos un capítulo por internet de la serie ya fuera de emisión Perdidos. Después de pasarnos unos veinte minutos completamente absueltos y prácticamente himnotizados por las imágenes que proyectaba el ordenador, nos dimos cuenta de que estaba cayendo un  chaparrón que, si es cierto lo que dicen los cristianos de que eso son los ángeles que están orinando, ese día tenían la vejiga a punto de reventar. En tal instante mi decisión fue dejar de prestar atención al cacharro electrónico ya que en ese momento era insignificante en comparación con el regalo que me estaba ofreciendo la naturaleza.

Me senté en la ventana e intenté analizar cada una de las gotas de agua que caían del oscuro y tenebroso cielo. Pasados diez minutos seguía allí, inmòvil, sin importarme nada de lo que sucedía a mi alrededor, anonadada y conmovida por las gotas de agua que creaban una alfombra oleada y furiosa que se deslizaba por la calle tratando de arrasar todo lo que se interponía en su paso a pesar de la poca fuerza con la que transcurría. En ese momento analicé la situación: yo, sentada en la ventana, dibujando con la boca nubes de humo bajo la lluvia y sin pensar en nada, así que decidí sumergirme en mi mente y tratar de hallar una conclusión sobre los sentimientos que me transmitía esa cortina de agua que no dejaba ver prácticamente nada de lo que había detrás de si. Esa media hora pasó volando y sin darme apenas cuenta me percaté de que en casi quince años de mi vida no había encontrado placer más sencillo y barato que el que estaba viviendo en ese preciso momento.

Desde ese día he aprendido a valorar más los placeres más sencillos y los más inesperados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario